Los dragones continúan su batalla en el cielo. Han volado muchas millas y los rugidos asustan a las criaturas que escuchan ese sonido tenebroso. Ellos han volado hasta la aldea de los Dragónidas, allí un guardia los ve luchando en el cielo y le ordena a un compañero que le avise a su líder. Este sale corriendo y llega hasta su líder y le dice:
- ─Señor, se han divisado dos dragones luchando entre si─.
Él le contesta:
- ─Eso es imposible, ¿tú los viste? ─.
El guardia le contesta:
- ─No señor, pero Luccas los vio─.
El líder le contesta:
- ─Llévame hasta donde está él─.
Todos al salir del lugar ven la pelea de los dragones muy cerca de ellos. El líder ordena que le traigan un caballo, se monta en este y persigue a los dragones. La lucha ha llegado a una zona muy rocosa y peligrosa. Ellos caen al suelo bruscamente, ambos se observan y rugen. Onix y Jinxen se miran fijamente, se acercan y se levantan en dos patas. Jinxen golpea a Onix con su pata delantera en la cara, este se estremece con el golpe y ruge. Él trata de devolverle el golpe pero Jinxen se agacha y lo evita, una vez abajo, su cabeza la sube rápidamente y lo golpea por el cuello. Por el golpe este cae al suelo, Jinxen da un brinco y entierra sus garras en el cuerpo de Onix. Este trata de morderlo pero Onix con sus patas traseras lo golpea en la cara evitando el letal ataque. Jinxen rápidamente lo muerde en su pata derecha delantera, Onix ruge de dolor, con su pata izquierda lo golpea por el cuello, le suelta la pata y comienza a sangrar. Este da un paso hacia atrás y Onix se incorpora. Levanta su pata ya que la tiene herida y no puede ponerla firme en el suelo. Jinxen trata de embestirlo pero Onix brinca hacia la montaña rocosa, toma impulso y él es el que embiste a Jinxen fuertemente. Al caer al suelo Onix lo ataca con su cola y lo golpea en la cara haciéndole un corte cerca del ojo, eso irrita a Jinxen y este se incorpora y ruge de una manera extraña. Su rugir era sordante y potente. Onix al recibir el rugido como un rayo de viento es lanzado varios metros y cae al suelo. Las rocas de la montaña comienzan a desprenderse y caen sobre Onix. Una tumba de piedra y tierra sepulta al dragón de Izon. Jinxen queda débil y se recuesta en el suelo, adolorido se incorpora de una manera lenta, se voltea, cuando trata de tomar vuelo escucha movimiento en las piedras y junto a estas un rugido que comienza suave, cada segundo su decibel es más alto. De repente un silencio, ni el viento se escuchaba. Jinxen observa detenidamente, nada se escucha, nada se mueve, el mundo parecía que se había detenido. Como una explosión atómica revientan las piedras que sepultaban a Onix. Las piedras y la tierra vuelan por el aire, pero estas quedan levitando y no caen al suelo, tampoco Jinxen se mueve. Los ojos de Onix han cambiado a un color dorado, su mirada es atemorizante y penetrante. Al tranquilizase sus ojos regresan a su color marrón normal, las piedras y la tierra que levitaba cae al suelo, el viento se vuelve a sentir y Jinxen se percata de la salida de Onix de las piedras. Ambos se miran fijamente mientras las rocas caen montaña abajo. El líder de los Dragónidas esquiva las piedras cayentes. La batalla comienza nuevamente, Jinxen corre hacia Onix, este falla el ataque y es mordido por el cuello. Jinxen con todas sus fuerzas trata de liberarse pero no puede. El dolor es cada vez más agudo, la sangre cae por su cuello y por la boca de Onix. Cada segundo se debilita, su lucha se desvanece. Onix lo arrastra unos metros y dando una vuelta con fuerza lo lanza hacia la pared de la montaña, este choca y ruge de dolor cayendo al suelo. A pesar del dolor y el cansancio se levanta con la cabeza baja, la sangre no se detiene. Onix solamente lo mira. Jinxen levanta la cabeza y nuevamente ruge de la misma manera que había hecho minutos atrás, Onix entiende que no puede recibir ese golpe nuevamente ya que podría matarlo. El sonido de la voz de Jinsen se dirige directamente hacia Onix, los ojos de este cambian a rojo y al rugir sale una flama potente que neutraliza el ataque, pero la flama no se detiene y como un misil lo golpea. Su cuerpo choca en la montaña bruscamente pero no cae al suelo, Onix lo arremata nuevamente con la flama, el golpe suena como un trueno estallante. Muchos huesos del cuerpo de Jinxen se quiebran, la pared detrás del comienza a colapsar, sepultándolo y dándole muerte al dragón de Jonid, Jinxen.
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